UN MUNDO EN TRANSFORMACIÓN
Los libros de la selva
La industria editorial española explica las causas de la crisis del sector

Los autores ya no siguen a sus editores de una empresa a otra

XAVI AYÉN - 13/04/2003
Barcelona

La crisis de la industria del libro es común a casi todos los países occidentales, pero el caso español presenta algunos agravantes. En el año 2001, según los datos de la Federación de Gremios de Editores, se editaron 60.267 títulos. Es decir, sólo 3.000 menos que en Estados Unidos y 10.000 más que en Francia, países con una tradición lectora mucho más fuerte que la española. Problema número uno, pues: hiperproducción.

¿Se corresponde tal fervor productivo con una demanda creciente por parte de los lectores? Los datos de la misma fuente indican más bien lo contrario: en dinero constante (esto es, descontada la inflación), en el 2001 los españoles se gastaron el 94,2% de lo que se habían gastado en 1992 en la compra de libros. Un 5,8% menos.

AJUSTES DE PLANTILLA. Los despidos se han convertido en algo habitual en los grandes grupos editoriales. En los últimos años, más de 500 personas han perdido sus puestos de trabajo, ya sea por las fusiones (de Random House con Mondadori en el 2001), las compras de editoriales (constantes en Grupo Planeta) o los reajustes (que afectan a todos los grupos). “Hace quince años se dieron los primeros despidos masivos –comenta un veterano del sector–, porque realizamos una centralización administrativa y logística. En cambio, los despidos actuales son ajustes para obtener más beneficios.”

¿CUÁNTO SE GANA AQUÍ? Y es que el beneficio que da el mundo del libro no es muy grande. La media del sector –que facturó 2.607 millones de euros en el año 2001– se encuentra un poco por debajo del 10%. En el recién aparecido “Las redes ocultas de la edición” (Editorial Popular), los franceses Janine y Greg Brémond dicen: “Hace veinte años, la tasa de rentabilidad media era del 3 al 5%”. Hoy, “el ideal de las corporaciones transnacionales es el 15%, que no se alcanza nunca”, confirma un directivo. Para Jorge Herralde, propietario de Anagrama, “el error es la teoría ilusoria de que con los libros se puede ganar mucho dinero”.

GRANDES ANTICIPOS. Otro elemento preocupante para el sector es la escalada de los llamados anticipos (lo que cobra el escritor por su trabajo, independientemente de las ventas futuras). Por las memorias de Gabriel García Márquez se han pagado más de cuatro millones de dólares. Eso sobrepasa mucho lo habitual: que el autor ingrese el 10% del precio de venta de cada libro. “Muchas veces –confiesa un editor de un grupo importante– los libros más vendidos son una ruina económica, un éxito aparente. Los negocios son las novelas sorpresa, casos como el de Javier Cercas o Carlos Ruiz Zafón, que cobraron unos anticipos muy razonables porque eran poco conocidos.” Muchos de los editores consultados critican a las agentes literarias, aunque uno admite que “nacieron porque nosotros no hicimos bien nuestro trabajo de representar al autor. Ahora creen que si ganamos dinero con su libro, ellas no han hecho bien su trabajo”.

PRIMA LO NACIONAL. “La subasta para comprar los derechos de un libro es un invento maligno –dice otro directivo–. Los libros se compran a ciegas, sin que nadie se los haya leído.” “En España, lo extranjero no vende mucho, hablando en general –confirma Jorge Herralde–, y se pagan enormes sumas en las subastas internacionales por autores menores, el paradigma de la victoria pírrica es llevarse a uno de esos novelistas.” Las multinacionales sufren más con este tipo de compras. Por ejemplo, cuando Random House compra en Nueva York los derechos mundiales de un escritor de best sellers, carga a su filial española la parte proporcional, “pero en cambio se trata de un autor que en España no vende, porque la gente prefiere autores nacionales. Tom Clancy no se puede comparar con Antonio Gala. Cuando nos llamaban de Nueva York para pedirnos la lista de autores que vendían más de un millón de ejemplares, siempre nos reíamos, porque no hay ni uno”, revela un directivo.

LAS DEVOLUCIONES. Otro error son las previsiones de ventas de cada título que realizan las editoriales, a menudo poco cercanas a la realidad, lo que provoca un gran número de devoluciones (esto es, los volúmenes no vendidos que devuelven los libreros y que la editorial debe reembolsarles). “Una devolución por encima del 25% no es buena –explica un estudioso del sector–, y en los grandes grupos se sitúa en torno al 40%.” Precisamente, en la reciente feria del libro de Londres, uno de los sectores florecientes ha sido el de las empresas que se dedican a resolver los excesos de tiraje comprando y vendiendo saldos, algo que en España es muy difícil de hacer, por la falta de costumbre, por el precio fijo del libro y porque los autores son claramente reticentes a vender sus obras por menos precio. Pero ¿por qué se equivocan las editoriales en sus previsiones? “Este negocio –responde un directivo del área económica de una multinacional– tiene un elevado porcentaje de incerteza. Y los editores literarios están muy subidos a la parra, muy endiosados. Son divos, pero la verdad es que tampoco ellos saben por qué funciona un libro.”

MULTIMEDIA. Sin embargo, la situación no es catastrófica. Primero, porque muchos siguen teniendo beneficios. Segundo, porque, para los grandes grupos, el libro es solamente una pieza más de su engranaje, que incluye medios de comunicación, productos audiovisuales, distribuidoras, productoras de cine... Por ejemplo, el grupo Bertelsmann (propietario de Random House Mondadori)ha declarado recientemente en Alemania unos beneficios de 900 millones de euros, 125 de los cuales provenían de su división discográfica BMG.

LA DIMENSIÓN POLÍTICA. ¿Cómo afrontar la crisis? Hay al menos dos bandos enfrentados. Por un lado, el que representan los editores “clásicos” (como André Schiffrin, autor de “La edición sin editores”), y cuyas ideas sintetiza el volumen “Las redes ocultas de la edición”, de Janine y Greg Brémond. Para ellos, el libro no es un producto cualquiera porque “participa en la libertad de expresión, en la creación artística, en el debate colectivo, en la educación”, por lo que el sector “es clave en el funcionamiento de una democracia”. Hoy, “el imperio del marketing y el hecho de que los grandes grupos controlen los medios de comunicación que informan sobre esos libros produce efectos perversos, contrarios a la libre competencia”. Antes, los editores “no eran determinantes, no podían influir tanto sobre la recepción de un libro, que dependía más de los críticos, del boca a oreja y de los libreros”.

LA DIMENSIÓN ECONÓMICA. En la otra orilla, en cambio, se apunta que “es el mundo el que cambia, y la edición debe hacerlo también. El editor ‘romántico’ tiene poca visión empresarial. Hoy en día, cuando ya ni él mismo es el que lee, porque tiene a colaboradores que lo hacen por él, la única virtud que necesita es la de ser un buen negociador, el resto es ir a la ruina. Su papel está sobredimensionado, hoy cambian de una empresa a otra y yo no veo que los autores les sigan, como antes”, dice una persona que ha tenido responsabilidades en un gran grupo.

OTROS MOTIVOS. La crisis apunta también a causas como el baile de máximos responsables en algunas grandes empresas, la hidrocefalia de otras o los cambios en el sector de la distribución, especialmente el enorme desarrollo de las grandes cadenas de librerías y superficies (El Corte Inglés, Fnac, Crisol, Casa del Libro...), lo cual acaba también perjudicando a la editorial “porque nos exigen unos descuentos altísimos, nunca vistos en el sector”.