ANDANZAS DE UN CABALLERO DEL SIGLO XXI
sábado, enero 31, 2004
Peino el cabello ondulado que cae por el precipicio de tu espalda con gesto invisible. En el momento del sosiego, te lo recoges y tus ojos me fotografían para guardar los negativos en la parcela de los recuerdos, mientras mis palabras acarician tus senos y mi aliento tus labios. Te reincorporas y apoyas tu desnuda espalda en la pared, apartando con gesto imperceptible un mechón de tu boca y con los ojos me hablas, y yo, con los mÃos te escucho, y en silencio nos amamos.
Ayer esos momentos nos alimentaban, pero hoy en cambio, nos sumen en melancolía. Nada es ya suficiente.
viernes, enero 30, 2004
Microcuento:
Una mujer pide ayuda, pide consejo.
El hombre lo deja todo, y se entrega a la mujer.
Ésta, bajo la tutela del hombre pela dos patatas.
Bate dos huevos
Trocea una cebolla.
La casa se llena del aroma a cebolla dorada.
Él le aconseja que deguste la patata antes de
mezclarla con el huevo.
Sazonar.
El resultado final, una tortilla de patata y cebolla deliciosa.
El hombre cuelga el teléfono para que la mujer la pueda comer caliente.
jueves, enero 29, 2004
Pienso:
* Las circunstancias determinan nuestro proceder.
* El tiempo lima las aristas de los deseos.
* Conozco lo que hay, conozco lo que soy, pero desconozco el reflejo que devuelve el espejo.
* (y tú, que piensas?)
miércoles, enero 28, 2004
Mientras escribo leo las venas marcadas de mis manos, dedos jugando entre las teclas, intuyo el perfil afilado de mi nariz y Lucifer sentado frente mi mesa, en postura de reflexión, con una pata sosteniendo su cabeza peluda, masticando, como siempre.
Me pregunta el porqué de mi ceño fruncido y le doy para leer mis últimos pensamientos:
Acongojado y solo. Furtivo de mis sueños, encerrado en mi mausoleo de mármol blanco.
Solo.
Con los deseos estrellados contra el cristal de mi vida.
martes, enero 27, 2004
Toda palabra es reflejo de mi incapacidad para elevarte a la cima de los sueños.
Lo que sale por mi boca no es sinónimo de futuro porvenir, sino de esclavo pasado y pasan de largo como si no te pertenecieran, levantando el vuelo de tu falda mientras veo tu caminar, alejándose.
Aunque lo callas, siento lo que está escrito en tu piel, la necesidad de una caricia, el roce de una mirada y saber que aunque la oscuridad de la noche te envuelve, estar junto a quien protege tus sueños.
Caballero sin armadura, protector de sueños.
jueves, enero 22, 2004
Si mi cuerpo fuera liviano miraría tus andares, escondido detrás de una nube o volando en círculos jugando como una cometa.
Si yo fuera una sombra me pegaría a la suela de tus zapatos, y recorrería junto a ti, a tu lado, la vida.
Si mi alma fuera pesada, me metería en tu bolso, así siempre me encontrarías cuando menos te lo esperaras.
Si mis besos fueran ligeros, se convertirían en agua, para que en forma de gotas de lluvia recorrieran tu cuerpo desnudo.
Si yo fuera yo, no estaría ahora aquí sentado.
viernes, enero 16, 2004
En este día soleado, a lo lejos vislumbro un reducto de niebla, antes de que me dé cuenta, el abrupto paisaje desaparecerá de mi vista, y un manto de nubes nos envolverá.
Miro a Lucifer.
Lucifer me mira.
Como si de mi enamorada se tratara, la humedad acaricia mi rostro, mis manos, mi pecho, mi alma.
Tengo el rostro humedecido por las lágrimas, he notado como una suave mano subía por mi nuca y mezclándose entre mi pelo, sus dedos, empujaban mi rostro hacia su blanco pecho. Para reposar, para descansar del esfuerzo.
El sol sigue en el cielo, a lo lejos la niebla se ha dispersado, exhausto arrastro mis pies y me tumbo bajo un ciclamor y cierro los ojos sintiendo aún esos dedos entre mi bruno cabello.
miércoles, enero 14, 2004
Cierro los ojos y a lo lejos veo andar mi sombra, desde que mi recuerdo alcanza, es la primera vez que le gano en la carrera, bien cierto que me falta el aliento, pero la he vencido. Más allá vislumbro a Lucifer echado bajo un olmo, jadeante y con su sombra pegada a sus patas. Ahora es cuando entiendo que por difícil que parezcan las cosas, siempre hay una esperanza para lo imposible.
Creo que hoy no abriré los ojos.
martes, enero 13, 2004
Tener en mis brazos el tesoro escondido de tus vestidos, remolinos de luces que se entremezclan todas en la paleta del pintor, para dibujar con mis dedos todos los rincones desconocidos que durante mucho tiempo fueron soñados, y que por fin, debajo de unas sábanas de satén, se muestran ante mí para retenerlos de por vida en mi memoria.
Hay momentos que nada ni nadie me podrá quitar, porque yo estaba y porque tú, bella dama, también.
lunes, enero 12, 2004
Me juego la vida en los avatares del destino.
Dejo por el yermo camino pequeñas migajas de pan y lágrimas de tinto vino. Observo el horizonte que no alcanzo nunca, siempre pienso que detrás del monte una gran nada me dará la bienvenida, y caeré por su oscura e infinita garganta, pero tengo las suelas gastadas y siempre hay otro monte que sustituye esa nada. Lucifer me alienta a seguir la suerte marcada por los dados, las subidas se tornan montañas y las bajadas precipicios, pero juntos andamos haciendo camino, por los avatares del destino.
viernes, enero 09, 2004
En el minúsculo habitáculo de mi cuerpo anida otro ser, de tallo erecto que sustenta mi follaje y en el que de tanto en tanto se esconde un mirlo para reposar de su vuelo. Será una planta rosácea, pues a menudo brotan pequeñas flores de cinco sépalos y corola regular, pero ahora hace frío y esperan su momento.
Ahora ya sabéis que yo no soy yo, sino ese otro ser que nadie ve, pero vosotros conocéis.
jueves, enero 08, 2004
Quien fuera él.
El único poseedor de la belleza. Solo él te ve tal como eres, sin engaños ni manipulaciones. Me dices que hoy no te has peinado, no te has arreglado y tienes una roja nariz. Bendito él, al que le enseñas tu alma sin contemplaciones, sin disfraces, con tus ojos soñolientos y tu pelo alborotado.
Es el primero que te ve tras las primeras luces de la mañana, y al anochecer, el último a quien le dedicas tu mejor sonrisa.
De mayor quiero ser él,
tu espejo.
miércoles, enero 07, 2004
..."Nada sabe tan dulce como su boca... , tan sólo alguna cosa que no se nombra"...
y ella se ruboriza,
y él llora sus labios.
De pronto, todo
se convierte en sueño.
viernes, enero 02, 2004
En un lugar de mi país, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que vivía un mozo sin oficio ni beneficio, que vivía una vida anodina y que su única preocupación era ver si su caracol ganaba en las carreras del caracolódromo. Pasaban los días y eso no sucedía, al final se hartó y dirigió sus pensamientos a otros menesteres y empezó a percibir que la vida escondía secretos que se difuminaban entre las hojas de lechuga de Rayo (su caracol). Así que lentamente fue observando su alrededor, nada tenia por el que quejarse, pero intuía que había otro mundo detrás de su jardín. Cogió una verde hoja de lechuga y la contempló como nunca antes lo había hecho, era una hoja grande, rabiosa, radical, con un nervio central que la elevaba para encontrar los rayos del sol y de pronto lo vio claro, se le iluminó la cara, tuvo una idea.
A las dos semanas Rayo empezó a ganar las primeras carreras, los periódicos locales no hablaban de otra cosa, fue coleccionando trofeos y éxitos, se cambió de vida, vivían en el centro, y dejó de ser una vida aburrida.
Se preguntaran ustedes que produjo tal cambio, nada tan sencillo como cambiar de dieta. Con hojas de escarola Rayo se convirtió en otro, las dos pertenecen a la familia de las herbáceas, Compuestas, pero estas últimas tienen la hoja más rizada y de áspero gusto, provocando en Rayo una respuesta de excitación que doblaba su velocidad en los finales ajustados.
Pasaron los días, pero un miedo feroz le empezó a recorrer la espina dorsal cada vez que iba al supermercado. Su temor no era que se agotaran las escarolas, sino que Rayo acabara acostumbrándose a ese áspero sabor y que perdiera la eficacia de sus propiedades. Miró con temor toda la verdulería, y de pronto vio un apio, agazapado entre unas zanahorias, y pensó que tal vez, si llegaba el día temido, el apio podría hacer correr a Rayo el triple de su velocidad en los finales ajustados.
Reflejando aún en su rostro, cara de preocupación, siguió pensando, y esta vez fue mas lejos, -¿qué haría cuando el apio dejara de estimular a Rayo? Por dios, que locura, no podía seguir así toda la vida. Entonces se dio cuenta que la carrera la estaba disputando él contra los elementos y no Rayo en el caracolódromo.
Moraleja: La respuesta no está en las verduras, sino en el interior de uno mismo.


