ANDANZAS DE UN CABALLERO DEL SIGLO XXI
viernes, julio 23, 2004
 
Era jueves y no cabía ni una alfiler en el bar de moda. Los decibelios hacían temblar todos los miembros, sí, ese también,  y a duras penas podías mantener una conversación.  Para llegar hasta la barra tenias que escalar caderas, trepar codos y pisotear cadáveres bañados en alcohol. Llegó el momento cruel de la noche en que la vejiga quiso ser la protagonista y lo consiguió. Me enfundé en mi armadura y como pude me dirigí al fondo del local donde estaban situados los servicios, a codazos me abrí paso hasta llegar a la cúspide de una cola de magnitudes dignas de elogio. Armado de paciencia fueron derramándose los segundos a la espera de mi ansiado turno. Cuando por fin se produjo abrí la puerta, pero en vez de entrar un cuerpo, entraron dos.
 
Era de piel morena, ojos pardo y pelo terroso, vestido ajustado y zapatos oscuros. Nos quedamos mirando. No nos conocíamos, no nos habíamos visto jamás. Me preguntó si me molestaba que entráramos juntos. Evidentemente le contesté que no. Incluso me ofrecí a dejarla sola pero se negó. Teníamos que decidir quien lo hacía primero. Ella propuso, debido a su mayor urgencia, ser la primera. No puse objeción. Me di la vuelta y ella hizo lo propio. Al cabo de unos minutos intercambiamos la posición.

 Jamás olvidaré el mechón rebelde de su cabello pegado sobre su mejilla sudorosa, ni su cara de alivio al verse aligerada de la urgencia, y es que aunque estaba a mi espalda, el espejo reflejaba mi rostro y alguna cosa más, como un guiño que me mandó, en el mejor momento.

miércoles, julio 21, 2004
 
Su pudor no le impidió levantar su falda y remojar sus pálidos tobillos en la fría mar. Me senté detrás de ella y fui contemplando como lentamente sus pasos se adentraban en el agua, y a la vez, el vuelo de su falda iba subiendo poco a poco, escalando sus firmes piernas. Llegó al límite de la ascensión, no del mío, pero si el de su vergüenza.
Se dio la vuelta para hablarme, pero no la oí, mi mente no estaba por sus palabras. La luz del día penetraba por entre la tela de su blusa remarcando unos pequeños pechos y suspiré. Cogí un puñado de arena, hice un montoncito y lo derribé, dibujé unos labios y lo borré, escribí su nombre y me lo olvidé tan pronto la dejé en casa.
 
Lo supe tan pronto como la oí hablar.  Percibí que nunca, podría hacer que creciera nada en mi.

lunes, julio 19, 2004
 
Se había pasado toda la tarde intentando escribir sobre una sonrisa, sobre un caminar, sobre el gatear atropellado de un bebé, incluso se valió de una caja de bombones, pero no lo consiguió, en la pantalla había una hoja sólo manchada de lágrimas:
 
“Esperaba con deleite ese momento, la oscuridad abrazando sus contornos, marcar el número de teléfono, dejar pasar unos pocos timbres, y oír su voz, tal como habían acordado, pero sólo le respondió la voz del sueño, una voz que no esperaba ninguna llamada, una voz que sin decir, decía más de lo que hubiera deseado oír.”
 
Arrojó el papel a la papelera de reciclaje, pero cayó al suelo porque hacía horas que estaba llena de arrugados intentos, aspiró el ocioso aire de la habitación cerrada y empezó de nuevo a martillar con los dedos el maltrecho teclado:
 
“Siento nostalgia.
No se a que, sí se de quién.
Palabras formales mercadeadas sin lucro alguno, sin alimento para el deseo.
 
El viento arrastra la luz hasta mis ojos, y como un ciego, contra todo me doy, vencido y herido deshago andares.
 
Lucifer lame mis heridas mientras sigo atrapado y perdido entre recuerdos que siembran en mi piel una lenta agonía que me impide volar sin ataduras.”
 
Arrojó otra hoja a la papelera. Desistió. Fumó el último cigarrillo, se dejó envolver por el humo que sacaba pesadamente por la comisura de sus labios, cogió un lápiz y garabateó en un post-it que colgó encima de la pantalla:
 
“Buenas noches hijos de la noche, velaré vuestros sueños mientras velan por mí, los neones de la luz artificial que rodean mi despertar a la alegría.”

viernes, julio 16, 2004
 
Escribió un sms:
 
“Perderme en tu concavidad, saborear tu sudada piel y tu húmedo sexo, besar tus pezones, oírte gemir mientras muerdo tus labios. Afectuosamente tuyo.”
 
Estaba siendo pornográfico, ya no tenia dudas, no dejaba de mirar la minúscula pantallita y pensaba en algún límite imaginario de decencia y buenos modales. Se acobardó, borró el mensaje sin mandarlo.
 
A los poco minutos recibió un sms:
 
“comeré contigo la semana que viene, habrá conchas, probarás un salado manjar, te deleitaras con su salsa jugosa, y tal vez nuestros labios brinden con un buen vino. Afectuosamente tuya.”
 
Los caminos del lenguaje son inescrutables.


jueves, julio 15, 2004
 
Era la comunión de alguna prima mía, hacia calor, las mesas del restaurante eran estrechas y alargadas, estaba sentado entre familiares mayores que yo, así que no podía jugar a nada, me esperaba una comilona de lo más aburrida. Pasaban los minutos, las horas, y allí no se levantaba nadie, y es que los mayores cuando empiezan a hablar se olvidan por completo de los pequeños, y encima sus conversaciones eran un verdadero coñazo. Estaba tan aburrido, que al final, sin querer, empecé escurrirme de la silla, y de golpe me encontré debajo de la mesa. Todo eran pies y zapatos, pero esa visión distinta de los comensales me tenia bien distraído hasta que alcé la vista y frente a mi, unas piernas abiertas, quedé atónito, los ojos me salían de las órbitas. Era la novia de un primo mío, pero no dije nada, no hice nada, me quedé sentado en el suelo, la mirada clavada en un fondo de encaje blanco, en el rosado de sus muslos, hasta que mi padre, extrañado por mi comportamiento, me obligó a reincorporarme en la silla. Nunca se lo he perdonado.
martes, julio 13, 2004
 
Las notas del piano vuelan unos breves instantes entre las cuatro paredes, hasta que se desmoronan contra el duro suelo de madera dejando tras de sí, una sensación engañosa de plenitud y satisfacción.

Como ese breve instante, ahora recordado, del sol rellenar de verde tus pupilas, teniéndote al alcance de mis dedos sin lograrte,
recogiendo cada gesto en mi memoria, cada seña, sabiendo que ahora dominaría todo mi pensar.

lunes, julio 12, 2004
 
He visto gorriones entrar en un café, orvallar toda una tarde como si alguien llorara desde lo alto las tristezas de los transeúntes embutidos en sus paraguas. He visto la mar verde, azul, gris y con un toque de melancolía. He visitado un gran palomar desde el que se podían contemplar almas transparentes.
He escanciado mis pensamientos para tener conciencia de que necesitaba airear mis palabras.

Todo ello sazonado con una fría brisa del norte que ha abierto la PUERTA, en mi ausencia, en Alastramundos.

jueves, julio 01, 2004
 
Bebí de tus ojos,
me alimenté de tu voz sosegada antes de que el sueño vistiera la noche.
Recuerdo cuando un gorrión se enredó entre tu pelo y nuestras sonrisas arrinconaron la soledad.

Quien sabe, tal vez, o con un quizá bastaría,
algún día llenar de nuevo de sol el cielo y enrojecer eternamente bajo las sábanas de una alcoba.


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