ANDANZAS DE UN CABALLERO DEL SIGLO XXI
martes, septiembre 28, 2004
perdí el juicio
maldita, única y solitaria neurona
que hostiga mi hombría, en desuso
por dolor, discapacitado, y es que cuanto más te miro, más ciego me dejas.
Nada de poesía, nada de palabras, nada es. El fluir de líquidos atrapa mi indómita naturaleza. Me pediste que bebiera todo el aire, allí encaramado sobre la cima de la montaña, frío, silencioso penetró por mi garganta y lo retuve en mi interior desolado, mirada perdida sobre las nubes que se extendían bajo mis pies y alcanzaban el horizonte, blanca mar, olas inmóviles que invitaban a sumergirse en ellas y bucear en la profundidad de su candor, convertirme en niño otra vez y no crecer jamás.
viernes, septiembre 24, 2004
Fuera del coche llovía. Desde el interior, a pesar de que los cristales estaban empañados, se podían distinguir las luces del valle e incluso la costa recortada por los pueblos vecinos. Estaba hermosísima, pensé en los años en que fuimos novios, y que lo fuimos demasiado jóvenes. Ahora con veinte años, conservaba toda su belleza, ojos oscuros como losas de pizarra, cabello bruno y escote que me enturbiaba el pensamiento. Se hizo de noche recordando días pasados. Sus ojos se clavaron en los míos, sus palabras en mi piel cuando su boca se acercó a la mía y me dijo:
- me debes una cosa-
Su aliento recorría todo mi interior y el deseo me suplicaba que actuara, un apetito animal, salvaje, la miré a los ojos y le contesté inocentemente:
- ¿qué te debo?-
¿Os podéis creer que no me acuerdo lo que contestó?
miércoles, septiembre 22, 2004
Cuando entré por primera vez en una prisión, me entró un miedo irracional, el ruido de las grandes puertas metálicas corredizas me erizaba la piel. Teníamos que esperar que se cerrara la anterior para que se abriera la siguiente, cada diez metros había una, pasadizos y pasadizos de paredes amarillentas, de barrotes, de miradas furtivas, me sentí como una rata en un laberinto.
Llegamos a un patio que parecía al de cualquier escuela, porterías de fútbol sala, graderías donde se iban ya sentando los reclusos, pero cuando levantabas las vista se veían los alambres que coronaban los muros, focos y cámaras por todas partes. Me sentí empequeñecer por momentos.
Con cada rostro que me cruzaba me preguntaba por el delito que debió cometer para estar allí encerrado, todas, todas y cada una, me parecían inocentes.
Por fin el árbitro pitó el inicio del partido y dejé de pensar que estaba en una prisión. Realmente no dejó de ser un partido más de la liga y como siempre lo acabamos perdiendo. A las dos horas, mis compañeros de equipo y yo salimos a la calle, nos estaba esperando un frío aire que nos azotaba la cara y nos revolvía el pelo. Volvimos a casa en silencio.
Ese día aprendí lo que significa, y el valor que tiene, la Libertad.
lunes, septiembre 20, 2004
miércoles, septiembre 15, 2004
-ya eres mayorcito, a partir de ahora te vas a secar tú solito, así que sal de la ducha, coges la toalla y te secas todo- dije sin titubear y me marché.
Pasaron los minutos y una voz que salió del cuarto de baño dijo:
-¡no puedo secarme todo!-
-¿cómo que no?- dije en un tono airado.
-¡por más que me froto la lengua, no consigo secarla!-
martes, septiembre 14, 2004
Mi mirada penetró
(mientras las palabras se deslizaban por el escote de tu blusa)
en tu mirada.
Revuelo de imágenes
(hacer el amor a tu mano, a tu boca, a tu pelo)
que atropellan mi sentir.
Bracear por tu piel
(prefiero ser naufrago que morir en la orilla)
y nadar por la comisura de tus labios.
Pero eso fue ayer
(el respirar me ocasiona dolor y me hiero)
y el mañana queda muy lejos.
lunes, septiembre 13, 2004
A orillas del gran azul
te afanabas en achicar el mar.
Ribetes azulverde guarneciendo la espuma blanca,
rellenabas una y otra vez tu cubo rebosante con su agua.
-¿pero que buscas, que es lo que intentas atrapar?-
-el mar, quiero atrapar al mar-
-¿y porqué cuando lo tienes lo vuelves a soltar?-
-no, no lo tengo, mira en el fondo de mi cubo, el agua es blanca, y yo quiero el azul del mar-


